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¿Cuándo la ansiedad deja de ser sana y se convierte en patológica?


La ansiedad es una respuesta natural y adaptativa que todos sentimos ante situaciones amenazantes que se caracteriza por el sentimiento de miedo, temor, aprensión o inseguridad.

 

Se trata de una reacción anticipatoria de activación en la que el individuo siente amenazados sus intereses, su supervivencia o bienestar. Generalmente, la persona identifica el peligro de la situación y adopta una respuesta adecuada. Si la causa del peligro es reconocida, la respuesta será de miedo, y si es difícil de precisar, aparece la ansiedad.

 

Cuando la respuesta de ansiedad se da de manera desproporcionada, se alarga más de lo debido en el tiempo o se generaliza a otras situaciones aparecen los problemas de ansiedad.

 

Por tanto, la ansiedad puede ser una reacción sana cuando nos ayuda eficazmente a enfrentarnos a una amenaza real, pero puede no ser tan sana en otras muchas ocasiones.

 

Los distintos tipos de ansiedad son:

 

  • Ansiedad sana:la asociada a miedos que nos protegen la vida. Podemos haberlos aprendido, bien sea por observación o por propia experiencia, pero también nacemos con muchos otros que han sido heredados, como pueden ser la oscuridad, la separación, etc. La ansiedad sana permite a la persona responder al estímulo de forma adecuada. Se presenta ante estímulos reales o potenciales (no imaginarios o inexistentes). La reacción es proporcional, cualitativa y cuantitativamente en tiempo, duración e intensidad.

 

Esta ansiedad puede volverse patológica cuando hablamos de una intensidad mayor y una respuesta exagerada a la causa, dando origen del sufrimiento y que dificulta el funcionamiento. Suele ir acompañada de una sensación desagradable y desmotivadora, presentando síntomas tanto físicos y psicológicos.

 

  • Ansiedad patológica: existen diferentes motivos por los cuales la ansiedad puede volverse patológica, aunque el más común sería un episodio traumático por condicionamiento clásico, es decir, una persona asocia un evento neutral con otro que representa una amenaza real y adquiere esa reacción de miedo patológico. Otro de los motivos sería el aprendizaje por observación directa de alguna persona que padece esa ansiedad patológica. Es más común en la infancia, un ejemplo serían los hijos que acaban padeciendo las mismas fobias que sus padres. Otra teoría sostiene que los seres humanos nacemos con una reacción innata de temor ante estímulos preparados evolutivamente y que mediante la exposición vamos perdiendo el miedo, y si en este proceso algo falla, aparecen las condiciones para la aparición de la ansiedad patológica. Ésta se caracteriza por una respuesta exagerada tanto en intensidad como en duración.

La atención se focaliza en el miedo a las consecuencias somáticas de la amenaza, es decir, si estás sintiendo, por ejemplo, una taquicardia y comienzas a preocuparte pensando que puede ser un problema cardíaco. Llega incluso a bloquear el rendimiento de la persona ante la presión. Lo más destacable es que puede aparecer sin estímulo, a través del pensamiento o la imaginación.

 

Existen diferentes técnicas que se pueden utilizar para reducir esta ansiedad:

 

  1. Distracción: es probable que ya la utilices, ya que es la más común. Algunas formas de distracción pueden ser: hablar con alguien, cantar, realizar algún tipo de operación matemática sencilla,… Es importante que intentes llevar tu atención a las sensaciones internas comprobando que en el momento de la ansiedad se notan más y al distraerse desaparecen.

 

  1. Técnicas de respiración diafragmática: para hacer una respiración desde el diafragma es necesario encontrarse en un lugar cómodo, preferiblemente sentado o tumbado. Se inspira por la nariz durante unos 4 segundos, manteniendo el aire unos segundos y expulsándolo por la boca despacio. Se debe poner una mano en el estómago y otra en el pecho y así es posible comprobar si está realizando el ejercicio de manera correcta: la mano del pecho no debería moverse al inhalar, mientras que debes notar el aire llevando al vientre.
  1. Técnicas de relajación muscular: la más común es la técnica de relajación de Jacobson, que consiste en ir relajando los grupos musculares del cuerpo de manera progresiva. Su principal hándicap es que se necesita tiempo para realizarla. Debes tumbarte o sentarte en un lugar cómodo, con piernas y brazos en paralelo (en caso de estar sentado, con las palmas en los muslos), cierra los ojos y dedica unos segundos a respirar con el diafragma. Comienza a concentrarte en la sensación de tu pie derecho, cuando notes toda tu atención en él contrae los músculos hasta que se tense la piel durante 5 segundos, después relájalos totalmente durante unos 20 segundos. Debes repetir este proceso con el otro pie, gemelos, muslos, abdomen, pectorales, brazos, manos, espalda, cuello, mandíbula y cara.
  1. Autoinstrucciones: esta técnica consiste en realizarse autoverbalizaciones positivas, resultando un refuerzo y una motivación para hacer frente a las dificultades. En el momento de la ansiedad podemos repetirnos frases como “puedo hacerlo”, “no va a pasar nada”, “me relajo y respiro” para ayudarnos a disminuir esa ansiedad. Se trata de una técnica superficial, no basta por sí sola para superar el problema.
  1. Mindfulness: el mindfulness parte de la meditación tradicional cuyo objetivo es lograr un profundo estado de conciencia para relajarnos. Consigue separar a la persona de sus pensamientos para reconocerlos y prestar atención total del presente. Debería practicarse una media hora al día, aunque al comienzo las sesiones pueden ser de 10 minutos. Para realizarlo es importante encontrar un espacio tranquilo, sentarse con la espalda recta y comenzar a realizar la respiración controlada, después debes centrarte en lo que pasa en tu cuerpo, desde los movimientos de los ojos hasta las palpitaciones en el cuello, gestionando así el foco de atención a estímulos simples evitando distraernos. Una vez realizado esto, debes pasar el foco atencional a las experiencias vitales, pensando en ellas como si no estuvieras implicado en el asunto, sin juicios ni valores. Para terminar, vuelve a la respiración controlada.

 

Es importante recordar que sentir ansiedad en determinados momentos no tiene por qué significar algo negativo. Hay que tener presente que la ansiedad es adaptativa y todos la sentimos en cierto grado a lo largo de nuestra vida, pero es importante diferenciar y estar alerta para reconocer en qué momento esa ansiedad puede estar convirtiéndose en patológica y conocer las diferentes herramientas que existen para manejarla.

 

En muchas ocasiones, ésta puede ser una tarea difícil de realizar uno mismo, por lo que se recomienda acudir a un especialista.

 

Cristina Soriano
Psicóloga en formación en AFIP-Instituto Centta

REFERENCIAS