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El príncipe destronado, el hermano mayor ante el nuevo nacimiento


El Príncipe destronado no es solo una novela de Miguel Delibes, la cual habla del tema que traemos entre manos. Es también una expresión para referirnos a esos niños que ante la llegada de un nuevo hermanito dejan de ser el centro de atención de sus padres y del resto de la familia.

La llegada de un nuevo miembro a la familia es una alegría, pero para algunos niños es sinónimo de estrés, ansiedad y tristeza. Es lo que comúnmente llamamos “celos”, pero, ¿qué son los celos?

Celos, en griego Koilos, significa hueco. Sentimiento de vacío y de miedo a perder algo, en este caso a perder el cariño de sus padres, figuras de referencia. Cuando estos celos surgen, pueden afectar de manera negativa a la autoestima del niño sintiéndose culpables y desplazados. Aún así, es importante saber que los celos son una respuesta normal dentro del proceso evolutivo del niño sirviéndoles así para adaptarse a la llegada del hermanito.

Es muy positivo informarles desde el inicio que va a tener un hermanito. No conviene contárselo cuando el embarazo ya está muy desarrollado o justo antes del parto. Además, podemos realizar junto a ellos actividades que les incluyan en todo el proceso, como por ejemplo ver juntos revistas, vídeos, fotos de bebés,… para que así se vaya familiarizando con la figura de un bebé y con sus características. Practicar juntos cómo debe bañarle, cambiarle el pañal, darle el biberón, ponerle el chupete y hacerle partícipe en la preparación de la habitación, de la canastilla, dejarle que elija algo de ropa para el bebé,… Dejar que sienta al bebé en la tripa, sus pataditas, enseñarle las ecografías o que asista a ellas,… es también una buena opción de hacerle partícipe.

¿Cómo prevenir los celos?
Es importante enfatizar su función de hermano desde el embarazo, hablar mucho de las cosas positivas de tener un hermano y reforzar el sentimiento de seguridad del niño haciéndole saber lo orgulloso que estará su hermano de él.

Preparar y anticipar con quién se quedará el día del parto. Es importante intentar, en la medida de lo posible, que sea con alguien que el niño conozca, sienta confianza y se sienta agusto. Además de preparar el cambio de habitación, si esto ocurre así, para que no se sienta desplazado por el bebé.

Cuando el bebé nazca, debemos procurar mantener las rutinas de baño, comida, juego,… del niño, además de escucharle y buscar momentos sin interrupciones.

El hermano mayor debe tocar al bebé, acariciarle y tener momentos junto al bebé y a la madre.

Ante la llegada de un bebé en el entorno se producen numerosos cambios tanto en los cuidados como en el tiempo de dedicación y afecto. Como consecuencia de todo esto, nuestro “príncipe o princesa” puede empezar a tener conductas para intentar destacar y ver una rivalidad entre los hermanos.

Aún con todo esto, la rivalidad que pueda surgir entre los hermanos es algo normal como reto para lograr el cariño de los padres, pero debemos detectar determinadas conductas que se salen fuera de la normalidad, las cuales nos estarían avisando de un problema de conducta latente en el niño:

– Tensión emocional que les lleve al malestar, cansancio, dolores de cabeza, vómitos, dolor de tripa, diarrea…Además de notarles tristeza desproporcionada que les lleve al aislamiento, aburrimiento o poco entusiasmo.

– Volver a etapas evolutivas que ya habían sido superadas como por ejemplo hacerse otra vez pis en la cama o durante el día.

– Negación a compartir sus juguetes o ropa.

– Tristeza desproporcionada, aislamiento, aburrimiento, poco entusiasmo.

– Pesadillas, terrores nocturnos o insomnio como signo de ese estado depresivo y alteración del patrón del sueño.

– Querer dormir con los padres o llamar constantemente a un adulto.

– Interrupciones persistentes y comportamientos molestos cuando los padres están atendiendo al bebé.

– Rabietas, llanto más de los habitual, agresividad, golpes.

– Incordio al bebé despertándole, quitándole el chupete, molestándole en exceso con demasiada atención o incluso llegar a agredirle.

– Conductas que recuerdan a un bebé como por ejemplo querer dormir en cuna, pedir chupete, pérdida de control de esfínteres (mencionado anteriormente), chuparse el dedo…

– Cambios en el lenguaje: habla infantil con numerosos balbuceos, tartamudeo, repetir muchas palabras o frases, tratando así de imitar al bebé.

– Negativismo. Negarse ante cualquier actividad familiar o individual que antes no se negaba.

– Alteración en los hábitos alimentarios: tienen menos apetito, rechazan sus comidas preferidas, se vuelven más exquisitos en sus gustos, quieren que se les vuelva a dar de comer.

– Verbalizar frases tales como “no quiero a mi hermano”, “llevaros a mi hermano”, “¿cuándo vuelve a meterse en la tripita?”.

– Culpabilizar a los otros, en especial a su nuevo hermanito, de sus fallos y errores.

– Aumento de la desobediencia, mayor nerviosismo e irritación.

¿Cómo intervenir ante los celos?
En caso de observar algunos de los puntos vistos anteriormente en nuestros hijos podemos, mediante juegos, practicar las habilidades sociales y la solución de conflictos, para así enseñarles a gestionar sus emociones. Además, éstas deben ser validadas y debemos ponerles nombre a lo que les pasa y sienten. Para estos existen muchos diccionarios de emociones infantiles que pueden ser de gran utilidad.

No es bueno volcarse a los niños ante las rabietas, lo ideal es hablar con ellos posteriormente de lo que han sentido y de por qué se han sentido así, haciéndoles ver que entendemos su malestar y que estamos ahí para ayudarles.

Finalmente, no es nada aconsejable el castigo físico, ya que esto solo incrementaría su agresividad. Podemos emplear alguna sanción, pero siempre desde la enseñanza y explicarle bien el motivo del castigo y cómo debe actuar correctamente.

En casos muy evidentes o si los padres ven que necesitan ayudan para gestionar la situación, no deben dudar en acudir a un psicólogo infantil para que pueda orientarles y darles pautas sobre su caso concreto.

Referencias:
– De Santiago, F. J. (1998). Los celos infantiles. Padres y Maestros/Journal of Parents and Teachers, (234), 10-13.
– Moya, J. L. (1994). El niño celoso. Padres y Maestros/Journal of Parents and Teachers, (195), 10-12
– Hidalgo Latorre, E. (2010). Los celos infantiles. Enfoques educativos, 168-177.
– Ramírez Sánchez, D. M. (2011). Celos infantiles. Revista digital Innovación y Experiencias educativas, 1-12.
– Recuero Gonzalo, R., & Bonet de Luna, C. (2005). Los celos infantiles. Revista pediatría de atención primaria, 7(27), 413-421

 

Elena Marrupe Escobar
Psicóloga en formación en AFIP-Instituto Centta